¿Cómo se manifiesta es estrés debido al comienzo de la escuela?
- Conductas agresivas: chuparse el dedo, mojar la cama, comerse las uñas, etc.
- Retirada social poco característica del niño: no quiere hablar con nadie, parece deprimido.
- Pérdida de motivación o de capacidad de concentración en tareas.
- Cambios importantes de conducta.
- Pérdida de apetito o de sueño.
- Irritabilidad sin explicación.
- Quejas físicas: dolor de cabeza, de estómago, etc.
- Problemas con los amigos o los compañeros de clase.
¿Cómo afrontar y prevenir el estrés debido al inicio de la vida escolar?
- Familiarizar al niño con la escuela, por ejemplo, visitándola en verano, antes del inicio del curso.
- Crear expectativas positivas e ilusión por asistir, hablando siempre con alegría del tema y haciendo hincapié en que representan un paso para ser mayor, y para aprender muchas cosas valiosas.
- Instruir al niño en habilidades prácticas de aprendizaje: interés por el material gráfico (acostumbrándolo a ver cuentos impresos, pintar, rellenar con color, dibujo libre, etc), y hábito de trabajo sedentario (acostumbrar a trabajas cortos espacios de tiempo con tareas similares a las escolares).
- Asegurar que va a visitar a la escuela sólo unos minutos con el padre o la madre. Demostrárselo la primera vez, y establecer ahí el punto de partida para el progreso. Supone ir con el niño al colegio y volver a los quince minutos, pero evitando llevarlo a realizar actividades placenteras para él al salir del colegio. No debe asociar el no ir al colegio con tener más oportunidades de hacer lo que le gusta.
- Mantener ese régimen una semana, durante la cual se irán dando tareas concretas a desempeñar en el colegio, mientras que la madre está fuera del aula, para ir alargando el tiempo que permanece en el colegio unos minutos. Al mismo tiempo conviene hablarle con ilusión de las ventajas y actividades que va a realizar cuando supere su miedo.
- A la semana siguiente conviene que permanezca en el colegio un tiempo determinado (por ejemplo, hasta el recreo) hasta que vaya la madre por él. Se incrementará el refuerzo y valoración en el ambiente familiar.
- En la tercera semana conviene introducirle en el ritmo normal de la vida escolar, proporcionándole aún apoyos. Por ejemplo, puede llevarle la madre el bocadillo.
- Debe evitarse tajantemente que el niño se quede en casa por llorar, mostrar estrés o ponerse “malito”. Los padres evitarán proteger excesivamente al hijo dejándolo en casa, o reforzarle estos comportamientos dependientes y temerosos.
Manifestaciones de estrés asociado a la escuela.
- Conducta agresiva: quejas, chuparse el pulgar, volver a mojar la cama, etc.
- Ansiedad: Suele darse este síntoma en niños que se preocupan por las cosas, pequeños muy conscientes de las expectativas de los padres.
- Somatizaciones: Suele darse en niños que no manifiestan verbalmente estrés ni emociones negativas. No se muestran con miedo o rabia, pero se quejan de molestias o dolores (cabeza, estómago, trastornos del sueño, etc)
¿Cómo afrontar el estrés asociado a la escuela?
- Se debe crear un entorno que facilite el aprendizaje académico, acostumbrando al niño a leer (u hojear) cuentos, a jugar con pinceles y lápices, a colorear, a escuchar historias.
- El primer día de colegio: El día antes de empezar, preparar juntos la cartera. Aprovechar la ocasión para explicarle lo mucho que va a aprender con los libros nuevos que va a utilizar y lo que va a disfrutar con sus nuevos lápices de colores. Acompañar el primer día para saludar a sus profesores.
- Pedir al niño, cuando vuelva del colegio, que cuente lo que ha realizado ese día y que muestre sus materiales de clase y productos terminados. El valor que los padres presten al trabajo del niño impacta fuertemente en la motivación de éste para el trabajo escolar.
- Hay que hacer comprender al niño que lo importante es realizar el trabajo diario y esforzarse, aunque no se consigan resultados eficaces al comienzo. Afrontar los resultados incompletos con relajación, haciendo que el niño entienda que se le quiere y es muy importante para los padres. - Mantener siempre el cariño y la valoración.
- Apoyar con manifestaciones cariñosas que compensen la autodesvalorización del niño. Dedicarle tiempo.
- Destacar sus puntos fuertes (por ejemplo: deporte, juego físico, habilidades o destrezas manuales, etc), habilidades e intereses. Utilizarlos para compensar sus limitaciones en el terreno escolar.
- Demostrar que se le acepta como es y destacar su progreso en otras áreas, su desarrollo humano.
- Tener expectativas y demandas realistas y a su alcance.
- Implicarle en decisiones sobre actividades familiares, demostrándole que es un miembro “importante” de la familia y que sus opiniones son tomadas en cuenta.
- Transmitir optimismo y confianza en superar sus dificultades. |